Los colores lo tapan todo


Ya no importa lo que pase, lo más importante es ganar el domingo. Hay que alentar a los jugadores, salir campeón y el entorno no importa. Nada más importa.

Es la hinchada, el folklore pésimamente entendido eso es todo, aunque algún desquiciado, antes estigmatizado como habitué de la popular, pero hoy popular en cualquier sector de cualquier estadio, lastime, escupa o denigre a un hincha o jugador rival. Solamente porque es rival.

Aunque un jugador del propio equipo sea violento con una mujer. Violencia de género. No reconozca hijos o cualquier otro tipo de conducto despreciable. Casi siempre, demasiado cerca del siempre, será justificado con alguna excusa de parte de un adulto como “esa mina quiere prensa y guita” y, lamentablemente repetida por su hijo, avalado por su padre. En televisión. Y festejado por el cronista.

Ya nada importa. Si roba, mata, viola, golpea. Los colores lo tapan todo. El otro tuvo la culpa porque quiere fama y plata. El nuestro será juzgado por lo que hace dentro de la cancha. Lo que haga afuera no importa. Pero luego le exigimos a otros deportistas que sean ejemplo, y que por un error grosero en la vía pública debe renunciar porque así no puede representar al país.

Eso no se justifica. Extraña excepción. Pero “al más grande” le perdonamos todo porque es quien más nos hizo emocionar. Y al de ahora, de bajísimo perfil, le exigimos más personalidad, porque no es ruidoso como su predecesor. Es aburrido. No es noticia. No vende. Los deportistas son ejemplos y nos representan según convenga. Según qué haya pasado con quién y a cuántos días de un partido decisivo, buscamos quién nos quiso perjudicar para obtener qué réditos. Siempre acomodamos la cuestión para el lado que más beneficie.


El entorno no ayuda. El clima social no ayuda. Los dirigentes no ayudan. La prensa no ayuda. Mal informa. Desinforma. Algunos cronistas sienten o creen o están convencidos que es su deber proteger a los jugadores o dirigentes que están en falta. Todas las manzanas del cajón están podridas. Los colores lo tapan todo.

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